La música de la barbería

Expira un ciclo y, como de costumbre, hacemos balance de lo acontecido. Lo hago. Escojo un cálido rincón en el apartamento que ocupo en la capital nórdica, la leña cruje suavemente mientras arde en el interior de la estufa de diseño danés de 1973, un noble sillón confeccionado en cuero negro sobre armazón visto de madera de haya hace las delicias para mi descanso. Por Lord Jack Knife

Mientras mi mano derecha sostiene uno de los presentes de mi padre, una pipa realizada artesanalmente con el cuerpo deshidratado de una mazorca de maíz, mi otra mano deposita delicadamente en su hornillo pequeñas cantidades de tabaco con sutiles notas de vainilla. Con la boquilla entre mis papilas gustativas, rasco un fósforo hasta lograr el suave rugido que le da paso a la ignición. Prendo el tabaco consiguiendo su combustión y comienzo a espirar su denso humo aromatizado, nado entre pensamientos y análisis. En definitiva, adoro estos momentos en los que la paz es invulnerable.

Para la ocasión, deleito mis oídos con una de las canciones que más me cautiva cuando empuño mi navaja y la deslizo por el rostro de algún apuesto caballero que gusta de un rasurado profesional. Al compás del tempo jazzy acompañado por solos de trompeta y piano, y la solemne y desgarrada voz de Louis Armstrong interpretando When You’re Smiling, conquista mis sentidos. Y es en estos momentos cuando mi mente recrea la sensación de un cliente al recibir tan deliciosa experiencia. Pausa, tempo ralentizado, aromas, calmadas charlas… Todo juega a favor para vestir de elegancia la práctica de la barbería.

Copia de Good Jack.15

Desde tiempos lejanos la barbería ha sido siempre respetada por purificar y hacer sentir bien a sus fieles devotos. Por ello, su banda sonora se ancla en las raíces de lo clásico para seguir siendo atemporal, para seguir optando al respeto de sus consumidores, para seguir rompiendo rutinas marcadas por los vertiginosos ritmos de vida de la sociedad. Consiguiendo una vez más la sonrisa que confirma la satisfacción y bienestar de un cliente.

Y ahora, pensemos, y nos daremos cuenta que, en cada género musical podemos catalogar diferentes perfiles y rangos sociales. Nuestra forma de vestir, nuestros movimientos al trabajar, nuestras posturas, la música que escuchamos y/o compartimos, los aromas que exhalamos, son algunas de las formas que tenemos de expresarnos y transmitir a los demás. Y en función del mensaje que emitamos, a nuestro entorno peregrinarán un tipo de personas u otros.

Tengamos esto en cuenta para saber si estamos haciendo lo adecuado para dirigirnos al público o personas de las que nos queremos rodear. Y no olvidemos aquello que el bueno de Louis nos cantaba:

“Cuando sonríes, el mundo entero sonríe contigo.”