Buscando al colaborador perfecto

Cuando se habla de crisis en el sector, la mayoría de personas pensarán automáticamente en el IVA, en los impuestos, el precio de los alquileres, el intrusismo y una lista bastante larga de dificultades que transforman nuestro día a día en una odisea con el único fin de nuestra supervivencia.

Es cierto que muchos factores externos pueden abocar al cierre de muchos salones actualmente en funcionamiento. Pero un común denominador en las conversaciones con compañeros de oficio en las que he participado recientemente es la falta de colaboradores profesionalmente competentes.

Tenemos una crisis de personal.

Es cierto que hay muchas prácticas realizadas por empresarios de peluquería que son deshonestas y que llevan al hastío de los profesionales que intentan vivir de sus habilidades técnicas, pero también es cierto que esta generación exige más de lo que da. Tiene unas pretensiones poco realistas de sus carreras profesionales y se han popularizado unos valores, una estética y unas formas que deforman la realidad laboral que supone trabajar en una peluquería o en una barbería.

El nuestro es un trabajo físico, psicológicamente agotador, lleno de vivencias con un público no siempre agradecido y respetuoso, en el que los roces con nuestros compañeros por el volumen de trabajo, las horas extras y las comisiones pueden convertir, en ocasiones, el salón en un campo de batalla.

Tenemos una profesión de formación continua, de un “renovarse o morir” constante y que carece de una buena base formativa. Un trabajo en el que finalizados los estudios aún seremos considerados aprendices y en el que, por muchos años, deberemos amoldar nuestros hábitos y adaptarnos a nuestros puestos con humildad y respeto hacia la persona que ha arriesgado su patrimonio y su familia por el negocio de sus sueños.

Personas que han diseñado un concepto, que han remado contra viento y marea para defender su forma de ver esta industria y llevarla a la calle. Por ello, hasta no tener nuestro propio local trabajamos en la casa de otra persona, bajo sus propias reglas y su visión del cómo se deben hacer las cosas.

Hoy, en la era de los superficial, de los selfis de Instagram como foto de currículum, en la que se acercan al oficio por estar de moda y sin el cuaje de haber deseado con pasión perfeccionarse en el arte del cuidado personal y todo lo que ello conlleva, nos encontramos con aspirantes a barberos que han invertido en maquinaria y en su estética pero se han olvidado de lo más importante; los años de devoción y servicio que son necesarios, de las horas de práctica en diversas técnicas y con diferentes herramientas que han hecho de los buenos barberos lo que hoy en día son.

Debemos luchar por proteger nuestros derechos, desde luego, pero no podemos adentrarnos en un oficio centenario sin tener consciencia de los sacrificios que se necesitan para llegar a desenvolverse correctamente con una tijera y un peine, para saber acertar en cada momento, de adaptar técnicas anticuadas a nuevas tendencias y de saber ‘atacar’ a todo tipo de cabellos y formas craneales sin llevar un susto luego.

Debemos entender que la facturación en un negocio es más importante que una buena foto para conseguir seguidores, debemos comprender que la ratio de clientes nuevos y que repiten es muchísimo más importante también que tener un sábado libre al mes, ya que es por y para los clientes. Nos debemos a ellos.

No se trata del mejor fade, ni de la tijera más larga, ni del barberpole más luminoso. Se trata de profesionalidad, de saber estar, de saber tratar a las personas que confían su imagen en nuestras manos.

Hoy más que nunca siento la necesidad de que los buenos colaboradores se pronuncien, de que sus empleadores los valoren como se merecen y que estos den ejemplo a los que siguen.

Si estás empezando en este mundillo, busca. Busca, busca y rebusca, aplica para trabajar en el tipo de local que te llame la atención, pero sobre todo a los profesionales que admiras y de los que quieres seguir aprendiendo.

Aprovecha cada día a su lado para observar, aprender y luego practicar y practicar hasta que te salga.

Si estás empezando te queda un largo camino que recorrer, no me importa cuantos cursos has realizado ni en que escuela has trabajado ya que quiero que tus ojos clamen pasión y ganas por aprender.

Esos dos ingredientes son más poderosos que cualquier masterclass del universo ya que estarán en tu interior, serán tu apoyo en los días difíciles y clamaran a gritos sin tú decir nada que eres lo que ellos están buscando.

Si por el contrario eres tú el que estás buscando al colaborador perfecto, paciencia, pues pocas gemas preciosas se encuentran en nuestras minas y estará en tu mano saber encontrarlas y pulirlas para que brillen, pero sobre todo mimarlas para que no se marchen de tu lado.