Afeitar en primera clase

Como si de un campeonato de surf extremo se tratase, cada vez nos vemos más y más rodeados de nuevos valientes con ansía de desafiar a los elementos buscando cabalgar “La Gran Ola”. Aquella que ruge cual bestia infame, la que se alza con suprema majestuosidad, aquella que impulsa a sus jinetes al prestigio galáctico pero que, a su vez, es capaz de devastar su exceso de confianza hundiéndolos en lo más profundo del océano. Por Lord Jack Knife 

Cuando hablamos del oficio y afirmamos con talante SOY BARBERO. Cada uno y todos los que leemos estas líneas –yo incluido– adoptamos una postura de personaje importante, pues parece que, hoy más que nunca, ser barbero es ser interesante, respetable y, por qué no, con carácter docto. Este sentimiento no es ni mucho menos malo, pero queridos camaradas, seamos consecuentes con nuestro público: los consumidores. Pues el hecho de que no sea un oficio meticulosamente regulado, con profesionales colegiados, no implica que suplamos nuestra falta de profesionalidad con afirmaciones del calibre: Afeitar se prohibió por Sanidad… Archiconocida frase que no tanto tiempo atrás se rumoreaba. Un aplauso pues para el excelentísimo Ministerio de Sanidad por permitir volver a realizar afeitados a navaja ahora que la barbería está alcanzando su clímax.

Y digo esto porque, damas y caballeros, en el momento en que la barbería goza de ser cabeza de cartel, nuestra maestría y destreza al desempeñar nuestra labor ha de ser inmaculada. La demanda quiere que la barba sea el top-ventas, sin embargo, el oficio de barbero consta de tres pilares sobre los que se forja la categoría de un buen profesional. El corte de cabello es de suma importancia en el cuidado masculino, y de líneas armoniosas y exquisitamente compensadas debemos proveer a nuestro respetado.

Parece pues que, actualmente, sabiendo cortar el cabello y haciendo lo propio con la barba uno puede sentirse preparado para retar a La Gran Ola, pero… ¿qué hay de la tradición en toda esta tendencia?

Asumamos pues que nada otorga mayor clase y prestigio que hacer bailar con precisa delicadeza una navaja sobre el rostro de un caballero. Empujado al baúl de los recuerdos por la imponente demanda barbada, el afeitado tradicional es una absoluta obra maestra a merced de nuestros sentidos, nada cautiva de mayor manera que el cuidado facial de la piel mediante el rasurado a navaja.

Es ciencia pura, considerando ángulo de inclinación, presión, tensión e hidratación de la superficie demostrado conocimientos cosmetológicos. Fallar cuando se trata de cabello puede llegar a disimularse, hacerlo cuando no lo hay puede terminar en herida.

Grandes cortadores de cabello, mejores cortadores de barbas, pero lo cierto, amigos míos, es que los excelentes afeitadores siguen siendo minoritarios.

¡Felices Fiestas!

Copia de IMG_1667