El valor de la experiencia

Es un hecho, la juventud pisa fuerte y goza del mejor estatus de la historia de la humanidad. Hay que tener en cuenta que no hace mucho llegar a los 40 suponía todo un récord en longevidad. Ser joven es necesario en nuestra voraz actualidad, tanto que los treinta son los nuevos veinte, los cuarenta los nuevos treinta y así llegamos lozanos a los 60 con ganas de jubilarnos pronto para disfrutar de una vida llena de viajes, emoción y aventuras. Al menos esa es la moto que nos quieren vender. Vivimos una era que evoluciona tan sumamente rápido que aquí estamos, en este Kit Kat que me permite ofreceros la revista Tocado, reflexionando sobre algo casi filosófico.

Por Érika Vera

IMG_6037

El fast food, la fast fashion… esta fast life que nos agota está perdiendo de vista algo tan importante como la experiencia. El tiempo en el que invertimos dedicación, pasión, cariño y atención a una actividad, a un oficio como es nuestro caso, proporciona unos frutos de tan increíble calidad que existe un mercado dedicado a su venta. Pero no nos engañemos ya que ningún atajo puede ofreceros el sabor de ese fruto maduro y conquistado, en el que cada mordisco transmite historias de un pasado de esfuerzo y sacrificio, ese fruto de aromas envidiables y únicos que hacen que una década de lucha valgan la pena.

No existe la fast experience. Recuerdo que Jaume, uno de mis profesores del instituto Salvador Seguí, nos dejó muy claro que allí aprenderíamos la base de la peluquería pero necesitaríamos al menos siete años de experiencia para sentirnos peluqueras. Y no le faltaba razón.

Ahora todos queremos ser barberos, es otro hecho. Ser barbero parece que tenga un estatus especial y un reconocimiento social molón, casi equiparable al de un tatuador, algo que la peluquería aún lucha por conseguir y así, de una vez por todas, rasgar las vestiduras de esa peluquera que, una y otra vez, refleja el cine y la televisión en su versión caricaturizada.

Quizás por haber casi desaparecido, el renacer de la barbería nos ha mostrado un camino digno de estudio, pero este camino tiene sombras. Mi querido Jose Navarro me lo mencionó una vez y no olvido ese término: “la burbuja de la barbería”. Un aspecto de esta tendencia que nos lleva a ver la vida en blanco, azul y rojo, que vierte un chorro de agua fría y nos obliga a parar en seco para analizar qué está pasando.

Hoy más que nunca valoro la habilidad de esas manos trasnochadas, de esa mirada cansada, de ese brillo perenne

Una burbuja salida de una agitada brocha llena de espuma de afeitar que si seguimos inflando sin control explotará. Algunos derrotistas ya ponen fecha de caducidad a las barbas y a las barberías con sonrisas que esconden envidias y deseos de que un gran fracaso derroque por fin a este Rey del panorama actual. Otros sólo deseamos que este amor desenfrenado por las navajas y los fade no acabe en el baúl de los recuerdos como aquella foto de adolescencia que saca a relucir nuestras sonrosadas mejillas.

En ella estamos conviviendo personas que siempre hemos sentido admiración por este antiguo oficio y respetamos sus orígenes, profesionales que sienten la necesidad de completar sus habilidades técnicas para poder ofrecer el mejor de los servicios a todos sus clientes, y una variada fauna y flora que, como en todo ecosistema, está destinada a desaparecer en cuanto las condiciones climáticas cambien.

Muchos auguran y desean también que esta fiebre se pase pronto para así por fin, como si de una purga se tratase, quedar en el mercado sólo aquellos que sienten en sus venas la barbería como estilo de vida y no como moda pasajera. Esta burbuja inflada por barberías renovadas, renombradas, peluqueros reconvertidos, formadores y formados, master barber y demás figuras de esta escena social que en un par de años creció hasta ser lo que es hoy, me hace añorar más que nunca el valor de la experiencia.

Hoy más que nunca valoro la habilidad de esas manos trasnochadas, de esa mirada cansada, de ese brillo perenne. Valoro la dificultad de permanecer a pesar de las tempestades, habiendo dejado atrás crisis de varias generaciones, modas y miradas de desaprobación de compañeros del sector.

No olvidemos que hasta no hace mucho, las barberías tenían colgada la sentencia de animal en vías de extinción. Así como un título de peluquería sólo es la puerta de entrada a ese largo camino que te llevará a ser peluquera, los cursos de barbería son tan sólo un acercamiento a un oficio que tiene personalidad propia, una historia y un saber hacer que necesita de años de maduración en barrica de roble.

Estudios científicos pusieron en boca de muchos las “10.000 horas” que supuestamente Nadal  o Messi, por poner ejemplos, dedicaron hasta convertirse en grandes figuras del deporte. Años después, nuevos estudios científicos desvelaron que la clave no sólo se encontraba en esa cantidad determinada de horas: la calidad en la ejecución de estas marcaba la distancia entre una persona que realizaba una tarea con pericia y otra persona que la desarrollaba con maestría.

Qué bonito escenario disfrutaremos entonces dentro de 10.000 horas, cuando todos aquellos nuevos allegados descubran y defiendan la importancia del “valor de la experiencia”.