En el nombre del poder

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‘En el principio era el Verbo y el Verbo era Dios’. Así describe uno de los versículos de la Biblia el poder de las palabras, siendo estas la primera manifestación del Dios cristiano, y su libro, la herramienta más poderosa de los últimos siglos. ¡Pero no vayamos a creer que es la única! Ya los egipcios, a los que agradecemos todos los avances en cosmética y peluquería de los que aún bebemos, eran conscientes del poder de la palabra siendo la del Faraón la voluntad del Dios en la tierra. Por Érika Vera

Para ellos eran tan poderosas que el mismo nombre personal estaba unido al destino de cada individuo. Los nombres debían mantenerse en secreto puesto que su conocimiento revelaría la esencia más íntima de cada ser. A los niños se les imponían tres nombres: los dos primeros ocultos y un tercero con el cual serían conocido por todos.

Una de las razones que podría explicar el misticismo que representan los hechizos mágicos, los libros de las principales religiones y este adjudicado poder, es el impacto que tiene el sentido del oído en nuestro cerebro, mucho mayor que el de nuestra vista. Comenzamos hablando y luego aprendemos a leer.

Se dice que las palabras vibran y las vibraciones ejercen un impacto físico en nuestro organismo, por ello hay “encantadores de serpientes” que son capaces de transformar tu pensamiento con su discurso a pesar de las mentiras que rellenen su contenido. Pasado el tiempo, en frío, somos capaces de ver cómo hemos sido engañados.

Una de nuestras responsabilidades como profesionales de la imagen personal es la del estudio del lenguaje, la comunicación tanto verbal como física, la asertividad y los canales y claves de la comunicación. Gran parte de nuestro oficio se basa directamente en la comunicación: cuanto más fluida y con mayor comprensión, obtendremos mejores resultados en nuestros diagnósticos y consecuentes servicios.

Por ello, hoy quiero hacerte consciente de la importancia de lo que dices y del cómo lo dices, ya que tienes el poder de transformar la visita de tu cliente en una experiencia que conecte emocionalmente a esa persona que tienes en tu tocador con tu negocio de tal manera que sienta que necesita su dosis semanal, mensual o bimensual de ti.

Una de nuestras responsabilidades como profesionales de la imagen personal es la del estudio del lenguaje, la comunicación tanto verbal como física, la asertividad y los canales y claves de la comunicación.

Como somos pequeños empresarios y no tenemos un departamento de marketing que nos asesore, debemos aprender de las grandes marcas que hacen bien su trabajo y hoy quiero poner el punto de atención en campañas como la de ‘Share a Coke’, personaliza tu bote de Nutella o tu paquete de Kinder, o cómo Starbucks siempre pone tu nombre en la bebida que demandes.

Nombrar involucra a la persona, la conecta emocionalmente, crea movimientos en redes sociales de manera espontánea, aleja del plano comercial el acto de comprar un producto.

El nombre es tan importante que una marca como Nike, en sus inicios Blue Ribbon Sports, decidió que con esa nomenclatura no se comerían un colín y por ello cambiaron lo que en principio parece intocable. Si ellos lo han hecho… ¿no crees que es hora de cambiar el nombre de tu salón?

“Pero qué locuras se te pasan por la cabeza, Érika…”. A priori podría parecerlo, pero está más que demostrado que cuanta más competencia existe, más diferenciación se necesita. Dejemos de copiar la decoración, mobiliario y logos existentes. Creemos nuestra propia identidad y dejemos que nos escojan por ser únicos y porque hacemos sentir únicos a nuestros clientes.

Sigo pensando que las grandes compañías nos abren caminos que podemos seguir con la pasión que nos caracteriza y, desde aquí, me gustaría animaros a reflexionar nuevamente. Kinder, Coca-Cola o Nutella han dejado claro que nos gusta oír nuestros nombres y cada vez más marcas nos permiten personalizar los productos que consumimos y los servicios por los que pagamos, pero… Y nosotros desde nuestros tocadores, ¿seguimos esta estela? ¿O resulta que una de las experiencias más personales que existen puede transcurrir sin que un nombre resuene en esa hora que de media pasa un cliente en un salón?

Hagamos un esfuerzo por llamar a las personas por sus nombres, repetirlos varias veces durante el servicio y, si podemos llegar a ofrecer un objeto personalizado (Starbucks sólo pone con rotulador tu nombre en un vaso de plástico), ya la mejora está asegurada.

No menospreciemos lo que durante milenios las sociedades han protegido con tanto ahínco. Pongamos en funcionamiento estrategias que marquen diferencias, haz que la gente recuerde tu nombre. ¡El mío ya sé que te lo sabes! Yo estoy deseando escuchar el tuyo.