Sarah, La Barbière de Paris: “Los clientes vienen buscando la parte de feminidad que yo les puedo aportar”

Hace 20 años, unas miradas reticentes y desconfianzas eran la reacción lógica que se podía esperar, por parte de clientes y profesionales, al ver a una mujer al frente de una barbería. Y esto fue lo que se encontró Sarah, La Barbière de Paris, cuando empezó en el sector. Por suerte, la tortilla ha dado la vuelta y esta profesional ya cuenta con dos exitosas barbershops en París. Ella siempre tuvo claro que la barbería sería su profesión y su futuro y, a base de paciencia, sensibilidad y amor por este trabajo, ha conseguido hacer crecer su espacio propio en el sector de la barbería del que muy pocas mujeres –por desgracia- pueden presumir. Por Andrea Nieto

SARAH INTERIEUR.pg

¿Cuáles fueron tus inicios en el sector?

Realicé mi formación profesional en barbería y empecé en el oficio en un salón turco, en París.

Una barbera en un mundo de hombres se antoja difícil… ¿Desde siempre tuviste claro que te querías dedicar a la barbería? ¿Por qué?

Desde siempre. Fue mi abuelo quien, primero, me inició en la belleza del oficio de barbero. Desde que tengo memoria, lo recuerdo en el campo jugando con él y afeitándose, con aquella mousse blanca, delante de un pequeño espejo roto. Yo miraba sus gestos, que siempre realizaba con la misma precisión, el blanco de la crema de afeitado sobre su piel mate con, en segundo plano, un viejo roble como decoración. Recuerdo el olor masculino que emanaba y el sonido de la fricción de la navaja. Esa imagen nunca me ha abandonado. Fue esto y la ternura que desprendía lo que despertó mi deseo de mejorar la imagen de los hombres.

¿Cuáles fueron las sensaciones que te transmitían tus colegas cuando empezaste en la profesión?

Ya hace 20 años desde que comencé en un salón turco en París y ninguna mujer se dedicaba a esto. No había ningún tipo de evolución en este mundo de hombres y era la única en el sector. Por eso me resultó muy difícil imponerme, pero a base de dulzura, de paciencia y de aptitud conseguí hacerme un sitio en la profesión y hacerme respetar como barbera.

SARAH ET KIM

¿Y la clientela, se mostraba reticente?

Al principio, los hombres eran muy reticentes. Ellos me miraban un poco como si fuera un intruso. Con el tiempo, las cosas se han invertido. Ellos pudieron verme trabajar y, poco a poco, mi agenda se fue llenando.

Actualmente, esto no supone ningún tipo de problema. Al contrario, los clientes vienen buscando esta parte de feminidad, esa parte de seducción que yo les puedo aportar. Ellos saben que yo quiero que salgas de la barbería lo mejor posible. El sexo opuesto permite esa mirada diferente y nos aporta una capacidad distinta.

¿Cuál es tu referente en el sector?

Lord Jack Knife: me encanta su personaje, la elegancia que desprende, sus tatuajes, su universo…

¿Qué tipo de público pasa por tus manos?

En nuestra primera barbershop, en la calle Condorcet, empezamos teniendo clientela del barrio, más bien moderna, y algún famoso. Después los hombres de fuera de la ciudad y del extranjero nos pedían cita con semanas de antelación. Este primer salón, de 20m2, se nos quedó muy pequeño y por eso abrimos, el pasado septiembre, una segunda barbershop en el centro de Paris. 200 m2 dedicados enteramente al bienestar del hombre (servicios de barbería, peluquería, cuidados capilares y manicuras) donde acogemos a todo tipo de hombre, de todas las edades y de todas clases sociales.

EQUIPE LA BARBIERE DE PARIS

¿Y los servicios que más te demandan?

El corte y la forma de la barba. También nos piden muchos consejos (mantenimiento, productos…) y todo lo referente a la morfología, la adaptación del corte de pelo a la barba, y viceversa.

¿Qué conoces de la barbería española? ¿Qué imagen se tiene más allá de nuestras fronteras?

En los países mediterráneos, la barba es una institución porque hay realmente una materia con la que trabajar. Los españoles adoran ir al barbero. Forma parte de su cultura.

Si no hubieras sido barbera, ¿a qué te hubiera gustado dedicarte?

Psicología. A raíz de mi oficio, siempre he lamentado que no nos enseñen las bases de la psicología a los peluqueros y barberos, porque nos convertimos en una suerte de psicólogo para los clientes y empleados. Este oficio exige una cierta sensibilidad, una especie de acercamiento y una buena dosis de psicología para poder tratar las demandas y las relaciones con la clientela.

¿En qué proyectos trabajas actualmente?

Trabajamos paralelamente en una gama de productos y en un programa de formación de La Barbière de Paris. Los profesionales demandan mucho este tipo de aprendizaje, así que esperamos poder poner a disposición una gran oferta para 2015.

COLONNE OCTOGONALE; jpgGROUPE HOMMES EXTERIEUR.pg