Filosofía Slow Flash

Tratamientos (y filosofía) Slow Flash por Alexis Ferrer

“Si tuviera que usar una palabra para describir mi trabajo, sería movimiento. Si tuviera que elegir una de las cosas más influyentes en mi vida sería, el ballet clásico. A través de la danza aprendí sobre la seducción del movimiento, la transformación del cuerpo y la “evolución” de la forma. No pienso en la moda como una vestimenta o una disciplina. Pienso que es mucho más. Veo la moda como un diálogo entre nuestro interior y nuestro exterior. Para mí, la moda es una forma de arte que está estrechamente relacionada con mi mente y mi cuerpo. Lo veo como una expresión muy personal de identidad combinada con el deseo, el estado de ánimo y la cultura. Al mirar a mi alrededor, me fijo en lo que puedo ver tanto como en lo que no puedo ver, y ese doble enfoque me da libertad en mi trabajo. Mi inspiración se basa en buscar nuevas formas femeninas a través de siluetas orgánicas, artesanía delicada, innovación y la colaboración con otros artistas, arquitectos y científicos”. Iris Van Herpen.

Slow Flash

Nadie como ella es capaz de utilizar la tecnología para diseñar piezas orgánicas y crear una simbiosis extraordinaria.

Se ha convertido en una de las diseñadoras más importantes del momento, con una capacidad de crear colecciones muy futuristas y conceptuales, pero sin perder la esencia de sus orígenes, el ballet.

Sus desfiles son auténtica poesía. Las modelos, con una belleza aniñada y unos movimientos delicados, caminan por la pasarela como si estuvieran en otra dimensión. Sus gestos sutiles, como si estuvieran danzando, muestran al público los diseños de Van Herpen hechos con impresión 3D, sorprendiendo y cautivando a un espectador que no quiere que el desfile termine jamás.

Los avances en innovación y tecnología se están produciendo en las últimas décadas a un ritmo vertiginoso. Lo que hace años parecía ficción, ahora empieza a ser real. Tecnologías novedosas e insólitas que, sin embargo, pronto se convertirán en cotidianas. Impulsado para el cambio tecnológico acelerado, la globalización y las necesidades de innovar, aparecen los nuevos jóvenes del futuro.

Ellos son los ‘knowmads’, creativos e innovadores; pueden trabajar con casi cualquier persona, en casi cualquier lugar, emplean la tecnología para aprender y trabajar.

Los knowmads (fusión del verbo saber + nómadas) son personas que han desarrollado una serie de destrezas y habilidades para desenvolverse en un mundo hiperconectado y hiperdigitalizado. Estos “nómadas del conocimiento” se mueven por todo el mundo asistiendo a reuniones, fiestas, eventos…

Cómodos con la tecnología, buscarán dispositivos para controlar todo lo que les rodea. Sus casas estarán equipadas de sensores táctiles, cristales fotovoltaicos, espejos interactivos donde podrán adquirir información, el dispositivo Alexa que les responderá cualquier duda, comida ecológica y productos de belleza flash. Un mundo tecnológico y muy real donde la Inteligencia Artificial formará parte de nuestro día a día.

Utilizaremos ropa con funciones biométricas conectadas a nuestro móvil que nos informaran sobre nuestra salud, pigmentos termocromáticos que cambiaran el color de nuestra ropa dependiendo del entorno y tejidos que se moverán como ya nos muestra el gran diseñador Hussein Chalayan.

Escáneres faciales que borraran las arrugas por unas horas, eye flashes y esmalte de uñas con sensores de movimiento. Y, quizás, algún día podremos cambiar el color del cabello a través de una app. Todo un kit para los knowmads.

Sin embargo, es un kit que tiene límites: los que nacen de las emociones. Porque por mucho big data que aprenda constantemente de cómo eres tú, todavía no se ha creado tecnología que llegue a acertar en la intuición, en el gusto, en el sentir. E igual que Iris Van Harper impregna de movimiento humano, sensible, que danza, llora y ríe colecciones de moda llenas de modernidad y tecnología, también en cuestiones de belleza, la humanidad se impone porque la llevamos apegada a nuestra alma.

La estética puede cobijar bajo su paraguas todas las novedades del mundo, pero nuestros sensores son los que son porque nacimos con ellos. Y la belleza nos gusta, nos hace felices, y es aquello a lo que nos entregamos dedicándole esfuerzos, y algo muy preciado para los hombres y mujeres del siglo XXI: tiempo.

Bienvenido, futuro, a la filosofía slow: un movimiento basado en concedernos este tiempo y que no utiliza la tecnología para hacerlo todo más rápido, sino para hacerlo mejor. Basado en algo muy humano: disfrutar de la experiencia que te ofrece ir a un salón de belleza.

En cuidarte y dejar que te cuiden. En mimarte. En dejar que los peluqueros te aconsejen, que te ilusionen, que te emocionen con un nuevo cambio de look. Utilizando tratamientos personalizados e individualizados con una tecnología muy avanzada pero pensados para perdurar.

Espacios multifuncionales y multisensoriales donde aparte de cuidar de tu cabello, podrás estar en un ambiente de arte y creación como si estuvieras en medio de un espectáculo de ballet clásico.

¿Qué es lo que nos hace y hará humanos? Sentir. Y te preguntaras cómo huele la moda, que sabor tiene una tendencia, qué sonido tiene un proceso creativo o qué tacto tiene una idea. A los que nos gusta vivir la moda, a los que pensamos que la tecnología es una increíble herramienta para crear, a los que hacemos colecciones para explicar historias, a los que nos paramos para contemplar la vida: Slow Life, Slow Business, Slow Food … Slow Hair.

 

Información: Alexis Ferrer 

Revista Tocado – Edición Mayo